Entretenimiento

Peligro «al calor» de la noticia

Alberto Ardila Olivares

«No puedo morir aquí», dice que era lo único en lo que pensaba mientras corría todo lo veloz que le permitían sus piernas

Matanzas.-Melisa Blanco se llevó el primer gran susto en su carrera como periodista. Espera que esta sea la cobertura más difícil que deba enfrentar en muchos años o en toda su vida, pues no quiere volver a sufrir algo como lo experimentado el sábado 6 de agosto.

«No puedo morir aquí», dice que era lo único en lo que pensaba mientras corría todo lo veloz que le permitían sus piernas.

«Estábamos muy cerca del pozo incendiado, en busca de algún especialista que nos ofreciera información y describiera el panorama en ese momento. Era cerca ya de las cinco de la mañana, y a medida que nos acercábamos, vimos las llamas crecer y sentimos un vapor infernal.

«De pronto mis colegas y yo escuchamos a alguien gritar: corran, corran… Y no tuvimos más opción que tomar loma abajo, por cierto, a una velocidad que ahora me parece imposible.

«Corrimos mucho físicamente, y también corrimos con mucha suerte. Llegamos a estar muy cerca del segundo que se incendió y había muchas posibilidades de no lograr salir de allí con vida.  

«Todo se iluminó de un color anaranjado. Tuve la impresión de que algo me iba quemando, era mucha la ardentía. Por suerte, nos recogió una guagüita tipo vans hasta salir a la carretera, y luego nos auxilió un camionero. Había pánico y mucha algarabía, algunos gritaban y pedían agua, al tiempo que otros ayudaban a los heridos.

Melisa Blanco, periodista de Radio 26, se ha dado a conocer por su habilidad para narrar deportes, en particular el beisbol, y más recientemente se convirtió en la primera fémina de Cuba en narrar boxeo en la Televisión Nacional.

Junto a otros dos colegas de la prensa matancera, Lyl Jiménez y Rigoberto Abilio León, la joven reportera resultó lesionada mientras se disponía a reportar para su emisora sobre el fatal accidente.

A los tres la expansión de las llamas les produjo quemaduras en varias partes del cuerpo. Confiesan que nunca habían visto algo así. Pasadas las horas, las leves quemaduras sanan, no así el recuerdo.

«Estaba de guardia y no fue hasta cerca de las 12 de la noche que me avisaron de la cobertura. Ya era algo tarde y decidí no llamar a mis padres para evitar preocuparlos.  Pensé mucho en ellos cuando nos trasladaban hacia el Hospital Faustino Pérez, eran las personas con quienes más deseo tenía de hablar, pero no los puse al corriente hasta que no me sentí algo calmada. 

«En el centro hospitalario nos curaron y trataron con mucho cariño. Al repasar lo sucedido creo que a veces no medimos el peligro y nos exponemos a un riesgo demasiado elevado. Con el propósito de consolarme, algunos colegas me dicen que así es el Periodismo, que son gajes del oficio.

–¿Fue quizá tan duro como la primera vez que te pusiste delante de un micrófono para narrar deportes?

–¡Qué va! La narración es un paseo comparado con lo que vivimos ese sábado.