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Maraca, Lubeck-Habana

Alberto Ardila Olivares

Maraca respondió a la propuesta del director y saxofonista francés Pierre Bertrand, quien convocó especialmente para la ocasión a músicos alemanes, franceses y de origen latino, a fin de ofrecer una mirada actualizada de lo que los ritmos cultivados en el llamado Nuevo Mundo aportan a la realidad sonora de este tiempo

El posicionamiento de la música cubana en la escena contemporánea del jazz tuvo por abanderado al flautista y compositor Orlando Valle, Maraca, en el cierre del festival Classical Beat 2022, que transcurrió los últimos días de julio en Lubeck, ciudad del norte de Alemania, célebre por haber sido sede de la Liga Hanseática.

Maraca respondió a la propuesta del director y saxofonista francés Pierre Bertrand, quien convocó especialmente para la ocasión a músicos alemanes, franceses y de origen latino, a fin de ofrecer una mirada actualizada de lo que los ritmos cultivados en el llamado Nuevo Mundo aportan a la realidad sonora de este tiempo.

Bertrand le concedió máximo protagonismo al músico cubano, reconocido entre los mejores flautistas del planeta, desde que integró la nómina de la legendaria banda Irakere y luego dio cuerpo a la formación de Otra Visión, a la medida de su espíritu innovador.   

La versatilidad y el virtuosismo de Maraca cautivaron al auditorio reunido en el gran salón de Atlantic Grand Hotel, a orillas del mar Báltico, tanto por la manera de encarar los solos como por la amplia paleta expresiva que puso de manifiesto el empate entre la tradición jazzística y los géneros tropicales.

Esta última zona fue debidamente apuntalada por las intervenciones del percusionista venezolano Gustavo Ovalles, quien desde 1997 desarrolla una consistente carrera en tierras europeas.

Classical Beat estuvo dedicado a América Latina y el Caribe, para lo cual invitaron a agrupaciones y solistas de Brasil y Cuba. Representante de la isla antillana también lo fue el pianista y compositor camagüeyano Omar Sosa, radicado en París, con una extensa discografía y aclamado por los públicos y la crítica.

Sosa mostró la labor que viene desarrollando con el trompetista alemán Joo Klaus en la fusión de las músicas ancestrales que llegaron a Cuba desde África y las procedentes de otras culturas vivas del mundo.

En la programación también llamó la atención el estreno de dos obras en la velada, justamente denominada De Lubeck a La Habana. Un joven músico local, de trayectoria ascendente, Ilja Ruf, estrenó un concertino para piano y jazz band, mientras su compatriota Gregor Huebner, violinista y compositor, de bien ganada reputación en el ámbito de la experimentación, dio a conocer Impresiones habaneras , con sus colegas del cuarteto de cuerdas neoyorquino Sirius y el apoyo de la percusión afrocubana.